Hace unos días mi compañero Juan Mendezona escribió un artículo en su blog acerca del acuerdo in-extremis para evitar el abismo fiscal que tanto amenazaba al país norteamericano. Pero tan solo un par de meses después de llegar a este acuerdo, han de conseguir un segundo consenso, esta vez en la Cámara de Representantes la cual cuenta con mayoría republicana (partido opuesto al del presidente Barack Obama), lo cual hace aún mas complicado llegar a un punto que satisfaga a ambos partidos.
El Gobierno de Barack Obama pretende elevar el techo de endeudamiento, solución que los republicanos no están dispuestos a aceptar a menos que el Gobierno plantee grandes recortes en gastos Federales. Debido a que las negociaciones se presentan tremendamente complicadas, comienzan a surgir en ciertos medios del país ciertas alternativas para hacer frente a dicho problema de la deuda, una de las cuales ha llegado a catalogarse de "estúpida pero legal".
Una solución que se baraja pasaría por la emisión por parte del Gobierno de pagarés dirigidos a empleados federales, contratistas de Defensa o a beneficiarios del Seguro Social. A diferencia de la deuda, se convertiría en un compromiso a reembolsar únicamente cuando el secretario del Tesoro certifique que hay dinero suficiente disponible para asumir esos pagos. En otras palabras: Dejadnos dinero para disminuir la deuda, que cuando la cosa mejore os lo devolveremos.
Otra alternativa que recoge el New York Times seria la de acuñar una moneda de un billón de dólares para depositarla en la Reserva Federal, de modo que respalde la capacidad de endeudarse por esa cantidad. En palabras del congresista Demócrata Jerrold Nadler: "Suena estúpida, pero es absolutamente legal".
En fin, en aproximadamente un mes sabremos si se ha llegado a un acuerdo entre ambos partidos, o se ha optado por alguna de las posibles soluciones que se barajan estos días. Veremos en que acaba, pero ambos partidos deberían tener en mente que la situación es muy delicada y que hay mucho en juego para la población Estadounidense.
Fuentes: El Economista
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